domingo, noviembre 20, 2005

TARAWA

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Restos de cañones japoneses en la isla de Bito el Atolón de Tarawa.

20 de Noviembre 1943

Los ataques contra las islas Gilbert y las Marshall fueron un adelanto de como se iba a desarrollar la campaña de saltos de isla en isla. Tarawa fue especialmente sangrienta por muchos motivos, pero uno me ha llamado la atención: ¿cómo es que no se hubo previsto que las lanchas de desembarco no pudieran cruzar el arrecife, lo que hizo que la aproximación a su costa por parte de los marines americanos fuera una autentica pesadilla, de sangre y muerte. En las fases previas del ataque combinado aeromarítimo, creo que se confió en exceso en la eficacia del bombardeo masivo tanto por parte de la flota como por los bombarderos ligeros que atacaba desde los portaaviones, suponiendo que de esta forma quedaría muy mermada la resistencia por parte de los japoneses. Grave error. Tarawa estaba muy bien fortificada, y como dificultad ya comentada, las lanchas de desembarco americanas quedaban encalladas, debido a la poca profundidad que había en el arrecife de coral, lo que las dejaba expuesta al fuego intenso del enemigo.

No pretendo contar la historia de lo sucedido en Tarawa, para eso, ya hay muchos libros que tratan el tema con profundidad. Solo pretendía recordar la fecha de este suceso, pero al empezar a escribir me he detenido al darme cuenta, que hay mucha información sobre lo ocurrido en la superficie de la isla, pero sin embargo muy poco de lo sucedido en el aire, si es que sucedió algo digno de mención. Pondré alguna historia. No puedo publicarla sobre la marcha pero ya veré si al final del día la tengo. Uff! Es muy tarde...


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Desde Betio, en el atolón de Tarawa

Se veía un cielo claro y luminoso, aquella mañana del 10 de noviembre de 1943. Sólo unas cuantas nubes tenues flotaban en lo alto y la brisa de otoño era como un bálsamo.

Hacía tan solo dos días que había llegado a la isla en un hidroavión junto con mi compañero de vuelo y amigo de la infancia Hitoshi Sato, los dos estábamos orgullosos de habernos presentados como voluntarios para servir en la defensa de aquel atolón. Aunque estábamos al tanto de las feroces batallas aéreas que se estaban desencadenando en casi todo el Pacífico, todavía no se apreciaba sensación de emergencia en la zona de la base, pero sí notamos un cierto movimiento, por parte de la tropa, para fortalecer las defensas en todo el perímetro de la isla. Me costaba imaginar que ese paisaje de playas coralinas y aguas transparentes se pudieran convertir algún día en un campo de batalla, y más aún que fuera a ocurrir de forma inmediata.

A estas alturas de la guerra, casi todos los pilotos nipones creían que estaban luchando en una guerra defensiva por la supervivencia de Japón. En lo que a mí respecta, estaba claro que el atolón de Tarawa tenía muy poco parecido con nuestra nación, lo que me producía la extraña sensación de estar preparándonos para algo que no tenía mucho sentido, defender ese pequeño terreno con tan escasos medios y tan lejos de casa. Pasamos una semana revisando y poniendo al día los Nakajima que se habían recibido como dotación para la defensa del archipiélago, no es que el Hayabusa Ki-43 fuera mi avión preferido, pero precisamente nuestro escuadrón había sido seleccionado personalmente por el general Sugimoto Kou, él sabia muy bien que teníamos experiencia y bastantes horas de vuelo en el Nakajima. Hitoshi y yo, habíamos volado en el Ki-43 casi desde su primera puesta en vuelo, en su momento fue un caza avanzado, pero para estas fechas del conflicto ya estaba algo desfasado, sobretodo por el tipo de armas que portaba: sólo dos ametralladoras del calibre de 12,7 mm en su morro; eso era poca potencia de fuego para enzarzarse en combate cerrado, con los nuevos aviones aliados.

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¡La que se nos venía encima!

La noche del 19 de noviembre, estábamos dentro de unos de los refugios especiales para los pilotos de la base, que usabamos como centro de descanso, cuando, de una de las estaciones de radar del noroeste, empezó a llegar un sinfín de informes inquietantes. Advertían de una posible flota compuesta de portaaviones y destructores, que podrían estar ya en la zona. Al instante de recibir estas noticias, comenzó un frenético e improvisado preparativo, en medio de la alarma general. Todos corrian de aquí para allá, gritandose los unos a los otros. En ese momento recordé, que nuestros Ki-43 Hayabusas, estaban en una posición inadecuada dentro de los hangares, y que nos sería muy difícil ponerlos en vuelo, de forma rápida, si éramos atacados de improviso. Salimos corriendo a prepararlo todo, no quería ser pillado por sorpresa. En ese estado cercano a la embriaguez, que te envuelve en los momentos críticos, el contar con la compañía de mi amigo Hitoshi me hacia sentir seguro, era algo extraño, pero él creo que sentía lo mismo. Habíamos compartido muchas cosas juntos, desde que nos conocimos en la escuela de primaria, de hecho ingresamos en la academia militar de vuelo, los dos al mismo tiempo e incluso compartimos nuestro bautizo de fuego real. Casi parecíamos hermanos, pues nos comportábamos como tal.

Las horas pasaban muy rápido, estaba asegurándome que el armamento estuviese en orden, cuando en ese momento escuché:

–¡Sargento Akira! –ordenó Hitoshi–. Dígale al cocinero que alguien nos traiga una cena decente. Mi instinto me dice que tendremos que despegar cuando menos lo esperemos.

–¡Sí señor! –respondió Akira con cierta cara de temor. Una vez se hubo marchado el sargento me dirigí a mi amigo.

–Hitoshi no es necesario que le metas más miedo al pobre sargento, no le ves la cara que tiene.

–Tienes toda la razón Minoru, pero tengo hambre. –Dijo con una amplia sonrisa de pícaro, abriendo los ojos como platos.

Teníamos todo listo, cuando se nos acercó corriendo otro de los jóvenes pilotos, y mientras pasaba de largo, gritaba:

–¡Minoru!, ¡Hitoshi!, ¡Ya están aquí! ¡Ya estan aquí! –Corria como si le persiguieran en ese momento con un hierro candente.

Al mismo tiempo escuchábamos las detonaciones de las baterías antiaéreas, de la zona norte. Fui corriendo al cuarto de baño y oriné, cosa que hacía siempre antes de ponerme en vuelo. Tener esa necesidad en el aire, con alguien en tu cola, no es muy agradable que digamos. Otros dos pilotos más se disponían a salir a la pista, junto con el comandante Saburo. Cuando fui advertido por un sargento de artillería, que cruzaba rápido en dirección al puesto de mando, de que un avión de reconocimiento había sobrevolado la isla. Eran las 5:10 de la madrugada, esa era la señal que estaba esperando, esta claro que un vuelo de reconocimiento a esa hora, no era un vuelo rutinario.

Ante la típica confusión que reina antes de todo combate, mire fijamente a Hitoshi, y él pareció comprender también lo que eso significaba.

–¡Hitoshi, en el aire inmediatamente! –le dije con tono de apremio. Él puso cara de enfado, como si le faltara algo.

–Pero... Minoru, mi cena. –dijo como el niño que protesta por su postre favorito que no le han querido dar.

–Pongámonos en marcha, o no tendrás ni cena ni desayuno. –le dije con cierto tono irónico.


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Preparados para el combate

A los cinco minutos estábamos en el aire, seis Ki-43 Ayabusa, cogiendo altura sobre la isla. Pronto, a unos 5º al norte, vi unos puntos en el cielo. Miré mi reloj. Eran las 5:20 de la mañana.

–¡Enemigo a la vista! –grite por radio.

Inicié una rápida revisión mental de todo el avión, abrí la tapa de la mira-telescopio, limpié instintivamente el parabrisas con el dorso del guante, miré los indicadores. Ya se podía distinguir la formación enemiga. Miré con mis prismáticos y pude verlos bien. Se trataba de Avengers y Dauntles, y muy por encima la escolta: Grummans Wilcats y Hellcats. No lo íbamos a tener fácil, nos superaban sobradamente en numero, además de que sus aviones contaban con mayor potencia de fuego y blindaje que los nuestros. Estaban ahora a unos 9 kilómetros de nosotros, así que abrí la radio y solicité poderme separar de los otros cinco pilotos, con la intención de atraer a la caza y que de esa forma ellos pudieran atacar a los bombarderos ligeros.

–¡Teniente Minoru informando, señor! –dije con voz firme.

–Teniente Minoru, manténgase a la escucha, nos acercamos al enemigo, necesito romper esa formación de bombarderos como sea. –ordenó el comandante.

–Con todos mis respetos mi comandante, creo que sería más útil si entretengo a la caza, mientras usted y los demás atacan con más libertad al grupo cerrado de bombarderos. –repuse al comandante.

–Está bien teniente, no es momento de discusiones, le resultará muy difícil llevar a cabo esa tarea... de acuerdo, de acuerdo. Hágalo lo mejor posible, pero tenga mucho cuidado, debemos intentar no perder ni un solo avión. ¡Y recuerde, no necesitamos héroes, sólo pilotos!

–¡A la orden, señor! –dije de forma que pareciera una tarea fácil y añadiendo:
–¡No se preocupe señor Saburo! ¡Nos vamos a divertir con tantos aviones gordos como barriles!

–¡Teniente Hitoshi, acompañe al teniente Minoru!

–¡A la orden comandante! –contesto de buen agrado Hitoshi, que se había ahorrado tener que pedírselo él.

Sabía que era una acción muy arriesgada, pero... poco más podíamos hacer contra esa concentración de fuerza abrumadora, nuestra única esperanza radicaba en poderlos dividir y conseguir algún derribo rápido. Miré un último momento a mi derecha, Hitoshi, como siempre que volábamos juntos, estaba ahí. Rápidamente le hice un gesto ya acordado, de que no se separara de mi lado, bajo ningún concepto; él asintió. Aumenté la velocidad a 400 kilómetros por hora y trepamos todo lo que pudimos.

–¡Vamos a entra por en medio de los dos grupos de cazas Hitoshi! –Le ordené a mi amigo de forma cariñosa.

–¡A la orden teniente! –dijo él, como muy serio, sorprendiéndome con esta frase.

–Déjate de pamplinas y no te separes, aunque seamos sólo dos contra todos esos mamones, podemos conseguir desbaratarlos. Y ya que me tratas de teniente, te voy a dar una orden; ante todo procura que no te derriben y si me dan, retírate y huye.

Hitoshi, rió de forma nerviosa, a la vez que me hacía un gesto con la mano.

–¡De acuerdo teniente Minoru, démosles a esos yanquis lo que se merecen! –lo que me sonó más a fanfarronada de novato, que a palabras de mi amigo.

–Recuerda Hitoshi, entra pegado a mí, no te separes por lo que más quieras. Miré nuevamente hacia él, y vi como se colocaba en una posición más atrasada de combate, y en ese momento descubrí que la isla se quedaba atrás...

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Continuará...

Espero que te guste.

Esta historia, pudo haber sido real. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Los nombres de los pilotos son de personajes no reales.

Relato: Ian Guerrero.

5 comentarios:

  1. Anónimo12:36 p. m.

    Veo que no decaes en el empeño Ian, eso está bien.
    Qué recuerdos me trae el relato de Tarawa... debió ser uno de los primeros libros de Editorial San Martín que compré cuando todavía los vendían en la Puerta del Sol en Madrid. Me da miedo pensar los años que hace.... hay que joderse cómo pasan los años!!!
    Un abrazo
    CArlos - FAE_Grulla

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  2. Hugo D'Enjoy5:14 p. m.

    que bien, que bien Ian..como disfruto de tu pagina. Ya he comentado alguna vez que es mi visita diaria...recreo a la hora del te y demas 'espacios' libres...espero ansioso la continuacion pues de Tarawa no sabia nada...me pregunto si te animaras a desarrollar alguna otra historia en alguna otra batalla...
    Salud!
    Hugo

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  3. Hola Grulla

    Tienes razón, cuanto le debemos a la librería-editorial San Martin, desgraciadamente yo no cuento con el libro "Tarawa. Ha nacido una leyenda, por R. W. Thompson". De la colección "Historia del siglo de la violencia" son ejemplares difíciles de encontrar hoy en día, pues son del '69 '70. Así, que haciendo unos cálculos básicos debes de estar entre los cuarenta largos y los... Que indiscreto soy. No te preocupes que yo tampoco soy ningún niño.

    Un fuerte abrazo


    Hola Hugo D'enjoy

    Me alegra mucho tenerte por aquí, ya sé que eres un lector fiel de este humilde blog. Tranquilo que las dos partes más en que esta compuesto el relato de Tarawa están casi listas. Y si, me propongo escribir alguna historia mas, coincidiendo con efemérides de batallas. Una forma de agradecerte tu fidelidad y tus reconfortantes ánimos, es la de ofrecerte que me sugieras alguna acción bélica, de algo que creas que no hay mucho escrito e intentaré crear un relato sobre eso.

    Un fuerte abrazo.

    MUCHAS GRACIAS A LOS DOS

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  4. Anónimo6:03 p. m.

    Dios mio! haz la segunda parte ¡¡¡YA!!!

    E111_Ayak

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  5. Hola Ayak,

    Gracias por tu visita, me agradan tus comentarios. La verdad es que son pocos que se molesta en dejar aunque sea un saludo, o cuatro letras.

    Tienes razón, tengo que publicar la segunda parte, y la tercera. Ya las tengo casi listas, con imágenes, pero estoy tan liado, casi ni tengo tiempo de publicar lo que quisiera.

    Por cierto... me gustaría, tener tu mail, si no te importa; no lo dejes aquí, mejor en un privado en tu foro e111.il2 para que no lo pillen los robot arañas de la red.

    Un abrazo

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